PRÓLOGOLa Soledad es originario de enero de dos mil cinco. En ese entonces no poseía prólogo alguno. Aquí vuelvo a exponer a este libro – preferido mío, donde el origen radica en el sentimiento de soledad en el pecho, un sentimiento frío que quema. Por aquel entonces, en el mes de enero de dos mil cinco me sentía extremadamente solo, física y espiritualmente solo. Entonces, en lugar de encerrarme en la depresión me encerré en la escritura y de lo malo vino lo bueno: un niño – libro poemario acerca de qué es la soledad y cómo se padece. El qué es la soledad son datos poéticos escritos en tercera persona y, en cuanto a cómo se padece se ubica escrito en primera persona.
Muchos seres humanos combaten la soledad en estos tiempos y en los de siempre. Entonces, la soledad siempre fue, es y será combatida, con los dientes apretados y una coraza en el corazón. Recuerdo haberla utilizado luego de tanta pena.
Sin más que agregar, los dejo con estos cuarenta poemas en cadena que describen a la soledad y sus consecuencias.
D.M.
I
La soledad, hoy es roca
que me aplasta
cuando los jardines bajos de mi hogar
son arrasados por oscuras sombras.
La soledad, hoy es dama
embelesada,
adornada de espinas interiores
que lastiman mi ser sin yo lograrlas ver.
La soledad, roca y dama,
me aplasta y me embelesa,
me cubre de negras sombras,
me lastima de espinas interiores.
La soledad, maligna
todo lo transmuta,
transforma las macetas del balcón de mi hogar
en monstruos petrificados por el tiempo.
La soledad, bella,
constelada
de un cielo sin tan solo una estrella;
la soledad: entero me desalma.
II
Hoy, yo,
soy un hombre con sombrero
bajo tal lluvia de enero;
soy hombre, soy sombrero, soy enero.
El solitario grito
de mis oscuras entrañas
me quita el aliento,
me arrebata en las mañanas.
Hoy, yo,
soy cabellos grisáceos
porque el cielo se ha cubierto
de todas nubes de tormenta.
Y llueve, llueve,
es de noche y no hay luna,
tampoco hay estrellas
en tal cielo de enero.
Hoy, yo,
solitario hombre con sombrero,
solitario hombre sin voz;
soy hombre, soy sombrero, soy enero.
III
Lúgubre bosque,
sierpes de colores
que no por ello no envenenan
si me alcanzan la piel.
Lúgubre bosque,
aldea con su techo
destruido por el paso
de los años que no esperan.
Lúgubre bosque,
árboles con sus troncos
humedecidos de sombra;
desquebrajados de humedad.
Lúgubre bosque,
copas que en la distancia
son azules pero tristes
como un sueño mal soñado.
Lúgubre bosque,
hierbas mojadas de rocío;
sierpes, aldea destruida,
humedecidos árboles, tristes copas.
IV
Soy el lunar
en el pálido rostro del muerto;
soy el lunar
en el pálido rostro.
Soy el musgo,
verdoso,
en la roca de la montaña
más oculta del mundo.
Soy la gota
tibia que se queda
en el techo de una aldea
cuando pasó la tormenta.
Soy y no soy,
porque de eso se trata;
a los ojos de los demás
ni siquiera existo.
Soy y no soy,
porque así es la soledad,
de eso se trata:
de ser, y no ser.
V
Es un caracol,
lento en obviedad,
pareciera no moverse en el cordón
de esa extensa vereda.
Es un caracol,
ya no queda embriaguez
de luna, estrellas o alcohol;
es un caracol.
Es duro caparazón
cubriente de aluvión;
es blando cuerpo lento
en ese extenso cordón.
Es un caracol,
lento, pequeño,
moviéndose como si algo le pesara
en su blando interior.
Es un caracol
el tiempo solitario;
es un caracol
la soledad.
VI
Soy el álbum empolvado,
el libro abandonado,
la almohada intacta,
la cama en desuso.
Soy el foco de lámpara
del día arrastrado;
soy el disco musical
que ya no suena.
Soy sirena
de barco herido en el mar;
no soy mar: soy tierra
arrasada por el viento.
Soy gemido brutal
pero mudo entre muros
de cristal;
soy la foto en el cajón.
Soy el día deshecho
de líquidos momentos;
soy el día todo hecho
de rocas sin tiempo.
VII
Es soles y lunas de cartón;
días y noches de mentira.
Es fiesta que no existe
porque todo es agonía.
Es lágrimas de plástico
que lastiman las mejillas.
Es tristeza vagabunda
que arrea un mundo todo absurdo.
Es viento disecado
por tal tiempo arrasador.
Es viajero
con un sólo boleto de ida;
es incierto el regreso,
sólo existe la partida.
Es arbustos azulados
cuando los sueños lastiman.
Al principio lo he dicho,
no me importa que repita:
es soles y lunas de cartón;
días y noches de mentira.
VIII
Soy los cercos de los campos
cuando arrasa la tormenta.
Soy cuchilla y soy cuchillo
en tal cocina desierta
porque abandonada ha quedado
la casa, el hogar.
Soy verano sin vacaciones;
soy cantante sin canciones.
Soy las copas de esos ramajes
por tal aluvión sacudidas,
mojadas, desprendidas.
Soy un punto de partida.
He dicho: un punto de partida:
viaje sin regreso: viaje de ida.
Bosques nocturnos sin fogatas,
soy las ramas secas de esos suelos
oscurecidos por las frondas
y los troncos.
Soy esas ramas y las hojas
secas, en el suelo caídas.
IX
Es cuadro inmóvil ensombrecido
por débiles sombras de enero,
porque es enero cuando escribo
sobre esta angustiosa soledad.
Las sombras son débiles,
carecen de fuerza y de color;
sin embargo despiadadas
cubren mi mundo de dolor.
Es un ramo de flores vencido,
marchitado, entristecido,
oscurecido, fallecido.
Es un ramo de flores vencido.
Es sabia: persigue mis pasos
sin yo dar cuenta de ello.
Es dama de fuego y es dama de agua,
es dama.
Dama que todo lo cubre
con su doloroso velo:
con su débil sombra de enero,
porque es enero cuando escribo.
X
Soy el televisor apagado, abandonado.
Soy la blanca luz
del hall de mi hogar.
Soy yo, soy otro.
Soy la oruga que se desliza
por el mojado cordón de cerámica
de la ventana donde
ahora escribo este poema.
Ocurre que llueve, torrentes
de gotas caen
desde lo alto del cenit:
el cielo sobre mis cabellos.
Vuelvo a la oruga, ella
se desliza en la espera
de esa metamorfosis que
la transforme en mariposa
y así pueda alzar vuelo
hacia los altos puntos
de este cielo ensombrecido,
cubierto todo de capa gris.
XI
Es el grifo roto,
el agua que ya no corre.
Es la seca inspiración
sobre los temas del amor
o del crudo desamor.
Es el grifo roto,
ya no funciona el sistema
y yo me quedo en destrozos.
Es el aire que se queda
en el aire de anteayer;
es el aire embalsamado;
es el tiempo postergado.
Es el rincón del baño
donde allí está
ese grifo roto;
es el rincón desolado.
Es todas las cosas
que se han roto o herido.
Es grifo roto, todo roto:
es agua que ya no corre.
XII
Soy el tiempo inmóvil;
el qué será, el quizás,
el después veremos,
el ya llegará.
Hoy se frenaron las agujas
de mi tiempo interior;
hoy es todo el pasado
que ha quedado arrasado.
Soy el tiempo inmóvil;
las gaviotas cayendo
muertas en la playa,
donde llora un corazón.
Hoy me levanté temprano
pero todo ha sido en vano:
Dios
no me ha ayudado.
Soy el tiempo inmóvil,
las agujas frenadas.
Soy un reloj de arena
sin arena en mi interior.
XIII
Es la pereza;
es la falta de entereza;
es la pobreza
de fuerte espíritu.
Es la dama
mutada a monstruo;
es el monstruo
desayunándome.
Es la tristeza
bajando por el abismo
de mis mejillas;
es la más oscura blancura.
Es la tibieza
siendo frío y siendo
calor;
es el día irresuelto.
Es la vileza
del demonio que me mira;
es el llanto, la monotonía
de mi vida.
XIII
Es la pereza;
es la falta de entereza;
es la pobreza
de fuerte espíritu.
Es la dama
mutada a monstruo;
es el monstruo
desayunándome.
Es la tristeza
bajando por el abismo
de mis mejillas;
es la más oscura blancura.
Es la tibieza
siendo frío y siendo
calor;
es el día irresuelto.
Es la vileza
del demonio que me mira;
es el llanto, la monotonía
de mi vida.
XIV
Soy la chaqueta de cuero
en el perchero,
abandonada, porque ya
no hay más días
ni más noches
que festejar.
Soy la chaqueta de cuero
en el perchero.
Soy los viejos zapatos
que ya no usan mis pies
pues ya no hay veredas
por caminar.
Soy la camisa esa
lisa, marrón, espléndida;
no hay ya venidas
ni partidas.
La camisa está guardada
hace un lustro en un placard.
No hay más días ni más noches
que festejar.
XV
Es presente ave sin alas,
caído en la playa;
el cielo: mi fe;
el ave: mis ilusiones.
Es graznidos tristes,
como bocanadas
quejosas, sin aliento;
es falta de viento.
Es alas,
dos alas rotas
al borde del mar;
es alas rotas.
Es sangre en la arena
derramada;
pena, penosa
retirada.
Es presente ave sin alas,
caído en la playa;
el cielo: mi fe;
el ave: mis ilusiones.
XVI
Soy como el patio de escuela
desolado en enero;
soy ese frío suelo
temblando en mis adentros.
Soy como las hojas no escritas
por la pluma que siente;
soy esos vacuos renglones
de papel y nostalgia.
Soy los pasillos de escuela
vaciados de pasos;
soy el mismo vacío
de esos pasillos de escuela.
Soy la escuela toda
en tiempo de enero;
soy la estela
en ese banco de plaza en madrugada.
Soy el sol muriendo solo
en el lejano horizonte.
Soy como el patio de escuela
desolado en enero.
XVII
Es seca voz;
ojos que ya no brillan;
oídos que no escuchan;
pies que ya no andan.
Es noche sin luna
llena, es roca
en el medio del pecho;
es noche sin blancura.
O es día sin luz
del sol;
día arrastrándose
por suelos interiores.
Es un aire que lastima
y lame
con su lengua de espinas
a mi cuerpo todo.
Es seca voz;
ojos que ya no brillan;
oídos que no escuchan;
pies que ya no andan.
XVIII
Soy telarañas de araña
en todo mi cuerpo;
soy abandono;
soy polvo.
Soy estatua con vida
de no – vida;
soy un monje;
soy un lobo.
Soy llantos llenando
todo un río
de lágrimas;
soy blanco.
Blancas mejillas, eso
quise decir;
mejillas
lloradas.
Soy lo que del viento
se desprende;
soy un sueño
y soy sueño.
XIX
Es una lata oxidada,
arrojada en el tacho
de basura;
es basura.
Es tenedores y cuchillos
oxidados;
es cubiertos
oxidados.
Es el reloj de pared
de la cocina
cuando nadie se encuentra
en ella.
Es rincones fríos
de madrugada;
es hogar en invierno,
sin hoguera.
Porque es fría,
la soledad.
Porque es muerte
en vida.
XX
Soy un vaso de agua sin agua;
un vaso de agua
vacío;
soy más hondo que el vacío.
Soy quien no sabe
donde se esconde
la alegría de la vida;
soy quien no sabe.
Soy vagabundo de las fiestas;
ya no existe alguna fiesta;
compañía tampoco
frente a mis ojos.
Soy el destino tachado
en un calendario;
soy el destino imposible,
la ráfaga impasible.
Soy el vaso de agua vacío;
quien no encuentra la alegría;
vagabundo de las fiestas;
destino tachado.
XXI
Es rulemanes rotos
por las líneas de las palmas
de mis manos;
rulemanes rotos.
Es el viento
llevándoselo todo;
arrasando con su furia,
avión invisible.
Es brutalmente estar
solo con mi sombra;
ensombrecido estar
entre penumbras.
Es ácido dentro
de mi pecho;
es ácido dentro
de mi cuerpo todo.
Es el más cruel
sentimiento en la piel:
- soledad que te escribo,
no me dejes sin motivos.
XXII
Soy el portal al abismo;
casi el vacío sobre mí,
sobre mis pies,
sobre mis dedos.
Soy el portal al abismo;
cruel destino
tachado,
ignorado.
Soy el tiempo que no vuelve
y el estancado presente;
contaminado tiempo
minado.
Soy quien no sabe cómo ser
en tal tiempo solitario;
soy el hermano perdido,
el remedio vencido.
Soy el portal al abismo;
casi el vacío sobre mí,
sobre mis pies,
sobre mis dedos.
XXIII
Es como dos tórtolas
separadas
por la distancia y la pérdida
de las dos almas.
Es como dos aretes
sin sus orejas;
como dos alianzas
sin casamiento.
Es como el vestido de novia
sin la novia y sin
el novio tampoco;
sin el cuerpo y sin el rostro.
Es como la torta
inmensa
sin la fiesta de casados;
sin festejo.
Es como un espejo
cuando todos se han marchado.
Es como un reflejo
cuando nada ha quedado.
XXIV
Soy la empatía de dos almas
bajo un cielo sin luna;
soy despedida partida
al medio de cada pecho.
Soy la apatía de esa chica
que se marcha en la distancia
y en el tiempo;
algún lugar encontraré.
También eso soy:
la esperanza extrañamente
desesperanzada:
“algún lugar encontraré”.
Es que así soy yo:
ese alma en soledad;
sin lugar, sin hogar,
destrozada sin piedad.
Soy el alma de empatía;
el sueño nunca recordado;
soy el sitio final
donde puedo desmayar.
XXV
Es como las ropas
tendidas, humedecidas,
escurriéndose,
secándose al filo de la luna.
Es como sábanas
en frías camas;
es como esa almohada
sin la marca del cráneo.
Es como un papel
arrojado en algún rincón de la ciudad;
como un basural
a las doce de la noche.
Es madrugada y es ocaso;
es todo un sol saliente;
es poniente
también.
Es como las ropas
tendidas, humedecidas,
escurriéndose,
secándose al filo de la luna.
XXVI
Soy el frío mármol
de una cocina en la noche;
soy frío,
soy mármol.
Soy como los granos de arena
en el desierto;
soy granos de arena,
soy desierto.
Soy como el sueño olvidado;
como el sueño esquivado;
soy sueño,
soy olvido.
Soy como esa mesa redonda
sin las almas parlanchinas;
soy abandono,
soy parlanchín.
Soy como ese, aquel confín
donde todo se detiene;
soy muro,
soy confín.
XXVII
Es como el comedor sin gente,
sin seres vivos;
es eterna frialdad
en ese mismo comedor.
Es como el laboratorio
sin sus científicos;
sin su ciencia
de toda paciencia.
Es como el ángulo
del cielo de mi alcoba
donde hay telarañas
y una araña.
Es como las rutas de Baires,
sin autos, sin luces,
con todo apagado
a las doce de la noche.
Es como sin gente el comedor;
sin científicos el laboratorio.
Es como la araña
con su telaraña.
XXVIII
Soy como el álbum de fotos
empolvado en un cajón;
soy como esas fotos
que ya no vuelven.
Soy como esos momentos
que ya no existen
y no regresan ya;
como aquellos momentos.
Soy como las cenizas
de un acabado cigarro;
soy cenizas
de un cigarro acabado.
Soy el solo instante
desolado
cuando el sol se hiere
en la línea lejana.
Soy como el álbum de fotos
empolvado en un cajón;
soy como esas fotos
que ya no vuelven.
XXIX
Es como la dama sin su novio
llorando en la fuente
de las tórtolas de cemento,
entre la bruma de la noche.
Es como el trigo de ocaso
que se queda solitario
con su nostálgico vaho;
es como el trigo estepario.
Es como el lobo de los montes,
corsariamente solitario;
es como el lobo,
como los montes.
Pero vuelvo a la dama,
(abandono el trigo, el lobo y los montes).
Es como es damita
llena, llena de ira.
De ira y de tristeza
pues su hombre la dejó
en la fuente llorando;
la dejó con el vestido.
XXX
Soy un borrachín
del siglo del veinte y uno;
con los ojos volados
y arrugados los párpados.
Soy un borrachín,
no camino en línea recta,
no camino con rumbo,
no camino con destino.
Soy un borrachín,
ando y ruedo a los tumbos
por la ebriedad de mi mundo
absurdo.
Soy un borrachín:
las veredas son del tiempo
como las hojas del viento
y los árboles.
Soy un borrachín
sin principio,
sin fin,
sin ti.
XXXI
Es como una flor
en el suelo del lodo,
enlodada
de tal lodo.
Es como esa flor
sobreviviente
al arrase del lodo,
pero así quedando sola
ya sin sus amigas,
las demás flores
ya muertas bajo lodo
impiadoso.
Tiene recuerdos
(las flores recuerdan);
todo es gris, todo es triste
en sus pensamientos.
Es como esa flor
en el suelo del lodo,
enlodada
de tal lodo.
XXXII
Soy el vuelco de mi vida
repentino
a una sala desierta
de gente y de alegría.
Soy ese mismo que hoy soy
y que jamás fui ayer.
Soy el mismo adentro.
Soy distinto afuera.
Soy y no soy el de siempre.
Cómo ha cambiado mi vida
hecha toda, toda ruina.
Soy y no soy el de siempre.
En el purgatorio del destino
donde no hay camino,
donde sólo existen
rincones.
Soy el vuelco de mi vida
repentino
a una sala desierta
de gente y de alegría.
XXXIII
La soledad:
es maligna fórmula del ser;
fórmula quieta,
maligna.
Es como el farol de la esquina
cuando la ciudad
se queda sin luz;
es como ese farol.
La soledad:
es intrépida telaraña
en las entrañas
de mi ser.
Es como ese bar
a las tres de la tarde
donde no hay barra
ni hay personas.
La soledad:
es maligna fórmula del ser;
fórmula quieta,
maligna.
XXXIV
Soy el desierto en persona;
soy persona desierta;
soy persona;
soy desierto.
Soy el destierro de los días de oro;
soy los días de oro desterrados;
no soy día:
soy destierro.
Soy el dueño de mi propia cárcel;
soy la cárcel y soy dueño
de esa cárcel;
esa cárcel: la mía.
Soy roca en la redonda ciudad;
soy redonda ciudad con su roca;
aunque no soy ciudad:
soy roca.
Soy el desierto en persona;
soy persona desierta;
soy persona;
soy desierto.
XXXV
Es como empírica quietud
del alma;
adormecimiento;
estancamiento.
Es como aquello que nunca se mueve
porque le duele
esa oculta herida
de barro y cemento.
Es como los pies que ya no andan
porque han quedado
cansados
de tales desventuras.
Es como todo, todo
lo que no tiene movimiento:
roca; montaña en tinieblas;
poste de luz, sin luz.
Es como la vida inmóvil,
aferrada a su quietud
como un niño a su madre
cuando es noche, siempre noche.
XXXVI
Soy los arados en plena noche,
desolados sin quién;
soy los grillos en los ramajes
oscuros de la noche.
Soy las carreteras con sus luces
tenues de madrugada;
soy luz tenue;
soy madrugada.
Soy el mar calmado en la oscurana
de las tres de la mañana;
soy ese oleaje débil;
soy débil.
Soy lo que el tiempo no perdona
y siempre se lo lleva
a rastras
de la naturaleza.
Soy los ebrios duraznos sangrando
en plena oscuridad de noche;
los caracoles, las luciérnagas.
Soy noche quieta: soy noche.
XXXVII
Es como el pastor
que lleva a su rebaño
de ovejas
por la triste senda.
Triste senda, sí,
porque al momento en que el pastor
lleva al rebaño
es anaranjado el cielo;
es ocaso en el tiempo,
y pronto será noche.
El pastor se marcha
adonde ya no sale el sol.
Las penas son de nosotros,
los seres humanos;
esas penas se potencian
cuando implora el vacío
en el pecho mío,
en el pecho de todos los seres humanos
sobre la faz de la tierra.
Y el pastor se marcha...
XXXVIII
Soy la razón sin razón;
el corazón sin corazón.
En telarañas mis entrañas
de mañana.
Soy el equivocado
sin emitir palabra alguna;
soy el ahorcado
sin cuerda ni árbol.
Soy la piel blanquecina,
macilenta bajo la luna;
soy la piel esquiva
cuando el sol brilla en el cielo.
Soy el vapor sin calor;
el copo de nieve sin frío.
Es que soy pero no soy:
soy quien no soy.
Soy la razón sin razón;
el corazón sin corazón.
En telarañas mis entrañas
de mañana.
XXXIX
Es como el aire contaminado
que no se puede respirar;
es como en la plaza los bancos
desolados en la noche.
Es como un mar disecado
donde ya no existen olas;
es como la orilla
de una playa en madrugada.
Es como todas las cosas
que se marchan para siempre
en la mente de un amante,
siempre amante.
Es como estar sin estar,
como demás estar;
es como ser huérfano
de todo aquello en movimiento.
Es como ser viudo
de la dama más hermosa;
es como ser esposo
de una sola crueldad.
XL
Soy como un envase vacío
en el medio de mi infierno
de los días de enero;
solitario bohemio.
Soy como la sonrisa
que se apaga cuando
termina toda fiesta;
es mi casa desierta.
Soy la guirnalda rota;
los reventados globos;
las latas vacías;
las sonrisas extinguidas.
Soy quien no quiero ser
porque el pecho me arde
de tanta soledad
candente.
Soy como el enero
tendido en un balcón
a plena luz del día,
a plena luz.

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